En los años ochenta, economistas japoneses empezaron a hablar de tecno-nacionalismo para describir cómo su país usaba la tecnología para fortalecer su economía y competir con Estados Unidos. En ese momento, el término era algo técnico, significaba invertir en educación, ciencia y desarrollo para ser más productivos y menos dependientes del exterior. Sin embargo, esa era una globalización muy distinta, centrada en la industria, no en los datos ni en la tecnología digital. Con la globalización de los 1990 y 2000, impulsada por Internet y la apertura comercial de China, todo eso cambió.
En ese contexto, el tecno-nacionalismo representa la fusión entre la capacidad tecnológica de un Estado, su seguridad nacional, su prosperidad económica y su estabilidad social. En palabras simples, busca convertir la superioridad tecnológica en una ventaja geopolítica, tanto a nivel local como global.
En este contexto, el mundo vive una nueva Guerra Fría, aunque muy diferente a la del siglo XX. Ya no es un enfrentamiento bipolar, porque nuevos actores han entrado en juego, transformando el orden global en uno multipolar. En el centro de esta tensión está Taiwán, responsable de producir cerca del 90 % de los microchips más avanzados del planeta. Por eso la isla es tan crucial para el mundo y tan codiciada por China. Si Pekín llegara a controlar Taiwán, dejaría de depender de Occidente y se consolidaría como la mayor potencia tecnológica del planeta, con la capacidad de imponer tarifas, alterar cadenas de suministro y ejercer una influencia sin precedentes sobre la economía mundial. En ese escenario, Taiwán se transformaría en un auténtico chokepoint geopolítico (un término usado en el ámbito internacional para describir un punto de presión o control estratégico desde el cual una potencia puede condicionar al resto del mundo). Sin embargo, China no se atreve a una invasión directa, ya que Taiwán es aliado de Estados Unidos, que ha prometido defenderla. Un conflicto militar por la isla podría desatar una Tercera Guerra Mundial, razón por la cual esta tensión permanece contenida, pero nunca resuelta.
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