Colombia es reconocida mundialmente por la calidad de su café, un motor económico que sustenta a más de 540 mil familias en nuestro país. Sin embargo, detrás de cada taza de café que disfrutamos, existe un reto ambiental oculto: por cada kilo de grano procesado, se generan grandes cantidades de pulpa que representan casi el 40 % del fruto y que, de no ser gestionadas, pueden contaminar nuestras fuentes hídricas.
¿Y si esa pulpa que normalmente se desecha pudiera convertirse en una fuente de compuestos valiosos? ¿Y si pudiéramos extraer cafeína de manera más limpia, sin solventes contaminantes, usando tecnologías más sostenibles? Precisamente esas preguntas guiaron una investigación de maestría desarrollada en la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, que evaluó el uso de enzimas y dióxido de carbono en estado supercrítico para recuperar cafeína a partir de pulpa de café.
El estudio encontró que ciertos pretratamientos enzimáticos permiten “abrir” la estructura del residuo vegetal, facilitando la extracción del alcaloide mediante CO₂ supercrítico, una tecnología considerada verde por no dejar residuos tóxicos. Además, el material que queda después del proceso puede aprovecharse en la producción de biocombustibles, materiales o energía, en un enfoque de biorefinería y economía circular.
Para hablarnos de este trabajo y de cómo la ingeniería de materiales puede aportar a la sostenibilidad del sector cafetero, nos acompaña hoy Juan Diego Torres De La Ossa, Magíster en Ingeniería de Materiales y Procesos de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, autor de esta investigación.
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