Si un escritor redacta una novela, muchas veces va a tomar como punto de partida la realidad: familia, entorno, sociedad, etc.; en general, su entorno no podría dejar de lado a la religión si sus personajes en parte reales necesitan procesar su fe con algún dicho o exclamación. Escritores como por ejemplo Gabriel García Márquez presentaron ese realismo mágico desplegado en Macondo y los Buendía, como abstracción de la realidad de Aracataca y de su propia familia. La relación entre literatura y realidad es esencial, como lo expresa (Vela, 2014) ¨La literatura y la realidad parecen constituirse en líneas paralelas, porque si bien es cierto que nada puede interrumpir el ritmo inquebrantable de la vida, que arrasa con todo lo que encuentra a su paso; la literatura, que nace de ella y con ella, es espejo y reflejo de su universo infinito". Es decir, la fantasía literaria tiene de base la realidad; y en la realidad se encuentra un entorno idealizado en la creencia y popularidad de la doctrina religiosa, manifestándose en el lenguaje y expresiones de las personas.
Debido a lo anterior, se reconoce la religión como esa necesidad que se encuentra inmersa en todos los contextos, de todos los tiempos, puesto que es impensable que exista un pueblo sin culto y sin fe.
En nuestro medio y en nuestro tiempo, muchos escritores parecen avergonzarse de hablar de tales asuntos, como si estos no fueran importantes para la comunidad humana. O como si los creadores literarios debieran estar alejados de esas materias, desdeñarlas por no encontrarlas acordes con sus poses de intelectuales. Aludiendo a esta circunstancia, el escritor y profesor Memo Ánjel afirma que, además de vergüenza, la mayor parte de quienes se dedican a las letras mantienen un odio encendido hacia estas temáticas.
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