Colombia es el país con mayor diversidad de aves en el planeta, un tesoro alado que no solo nos maravilla con sus colores y cantos, sino que juega un papel vital en la salud de nuestros ecosistemas. Las aves son sembradoras naturales, polinizadoras y controladoras de plagas. Pero, ¿cómo podemos aprovechar esta increíble capacidad para sanar los bosques que hemos dañado?
En la Serranía de los Yariguíes, en Santander, la deforestación para crear pastizales había dejado heridas profundas en el paisaje. Para sanarlas, no se optó por la reforestación tradicional, sino por una estrategia ingeniosa: crear pequeños núcleos o ""islas"" de vegetación, usando estacas de árboles frutales y plántulas nativas. La idea era simple pero poderosa: si se siembran los árboles correctos, las aves llegarán… y con ellas, la esperanza de un bosque renacido.
Pero, ¿funcionó? Para responderlo, un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Colombia convirtió el canto de las aves en datos. Durante dos años, monitorearon cómo las comunidades de aves respondían a estos núcleos de restauración, evaluando no solo si llegaban más especies, sino si estaban cumpliendo su rol ecológico de dispersar semillas. Los resultados de esta investigación, publicados en la revista Acta Biológica Colombiana, son optimistas para la conservación en nuestro país y un modelo a seguir.
Para contarnos todos los detalles de este fascinante proyecto, hoy nos acompaña desde Medellín el ingeniero forestal Hugo Alexander Benjumea Ochoa, investigador del Departamento de Ciencias Forestales de la UNAL y autor principal de este estudio.
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