El conflicto en Ucrania ha cumplido cuatro años este 24 de febrero de 2026, consolidándose como una guerra de atrición que ha transformado la estructura del poder global. Lo que inició en 2022 como una operación militar se ha convertido en una competencia de resiliencia industrial y logística de largo alcance. Este cuarto aniversario marca el fin definitivo del orden de seguridad europeo establecido tras la Guerra Fría, dando paso a una fragmentación sistémica donde la diplomacia ha sido desplazada por el equilibrio de fuerzas militares. La persistencia de los frentes de combate estáticos evidencia que la resolución del conflicto ya no depende únicamente de las tácticas en el terreno, sino de la capacidad de los Estados para sostener una economía de guerra permanente.
Según informes del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) con sede en Washington, el estancamiento táctico observado en 2026 es el resultado de un equilibrio tecnológico en el que los sistemas de defensa superan la capacidad de ofensiva terrestre. La saturación de drones y el uso de inteligencia artificial en el campo de batalla han anulado la movilidad tradicional de las unidades blindadas. Este fenómeno ha obligado a las potencias a replantear sus doctrinas de combate, priorizando la guerra electrónica y el control del espectro electromagnético sobre la simple ocupación de terreno, lo que convierte a Ucrania en el mayor laboratorio militar de la historia moderna.
Asimismo, de acuerdo con el SIPRI, el Instituto Internacional de Investigación para la Paz especializado en el análisis de transferencias de armamento y el gasto militar global, Europa ha iniciado un proceso de rearme que no tiene vuelta atrás. El incremento del gasto en defensa de los países de la OTAN indica una transición de una política de contención a una de disuasión activa frente a Rusia. Esta nueva arquitectura de seguridad se basa en una frontera fuertemente militarizada que divide al continente en dos esferas de influencia, reactivando conceptos de soberanía territorial que la globalización parecía haber diluido.
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