Hace unas semanas un fragmento de humor político incendió las redes sociales y puso a prueba nuestra capacidad de empatía y libertad de expresión. El caso de María Camila Fonseca, mejor conocida como @Macafolla. Su personaje Micky Ávila, en medio del show La Megacárcel hizo un chiste sobre la tragedia del reclutamiento infantil en Colombia, después, un fragmento, extraído quirúrgicamente de un show de alrededor de dos horas, desató una tormenta que terminó en denuncias, violencia digital y amenazas de muerte.
Pero el debate es más profundo y es la pregunta que nos hacemos hoy: ¿Debe el humor político tener límites? Y si la respuesta es sí, ¿quién se los pone? ¿El Estado, las personas ofendidas, o el propio humorista?
ESA ES LA CUESTIÓN.
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