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Johannes Brahms: La Perfección del Romanticismo

Preludios corales para órgano, Op. 122 y la muerte de Brahms

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Los 11 Preludios Corales para Órgano, Op. 122, la última obra que escribió Johannes Brahms, fueron compuestos en 1896 a sus 63 años de edad en Ischl (Austria), y publicados póstumamente por la editorial Simrock de Berlín en abril de 1902. Brahms tenía la intención de ampliar la colección con otros volúmenes más, pero la interrumpió y ni siquiera pensó en publicarlos. Sin embargo, en una cláusula de su testamento había previsto que cada obra inédita que se encontrara después de su muerte, debía pasar a ser propiedad de su editor Fritz Simrock, quien se tomó la libertad de publicarlos a título póstumo. En su biografía sobre Brahms, Lawrence Erb escribe lo siguiente sobre los últimos días del compositor: (…) Brahms salió por última vez de su casa en Viena el 13 de marzo de 1897 para asistir al estreno de ‘La Diosa Razón’, la nueva obra de su amigo Johann Strauss, pero después del segundo acto regresó a casa en un carruaje. Desde ese momento no volvió a dejar su habitación a causa del esfuerzo que le costaba caminar. Los amigos se alternaban para hacerle compañía y charlar con él sobre cosas de su juventud, de Hamburgo, de su madre, de su amigo el violinista húngaro Ede Reményi con quien hizo su primera gira de conciertos a sus 19 años de edad, y quien le presentó a su gran amigo el violinista y compositor húngaro Joseph Joachim, quien a su vez le entregó cartas de presentación para conocer a Franz Liszt en 1853. A menudo Brahms se adormecía  durante la conversación. En los días siguientes ni siquiera a los íntimos se les permitía que lo vieran salvo unos instantes, y solamente a través de una puerta entreabierta. Contemplaban un rostro demacrado, exhausto, pero en el que todavía brillaban sus dos grandes ojos azules. En la noche del 2 de abril llegó a su casa el joven médico Josef Brener. (…) ‘durmió hasta la una’, cuenta el médico. Le pregunté si sufría. Me respondido: ‘es tolerable’. Después se adormeció de nuevo. Hacia las cuatro de la madrugada, tras una inyección, le pregunté si quería beber algo. Le llevé un gran vaso de vino del Rin, y casi sin ayuda, Brahms se sentó sobre la cama, bebió dos sorbos y después, con su áspera voz típica de un hombre del Norte exclamó: ‘¡Bien, gracias!’ Esas fueron sus últimas palabras. Al amanecer, el doctor Brener salió. Celestine Truxa, la dueña de casa, se sentó junto a él en el lecho. Brahms se incorporó, intentó decir algo, pero no lo consiguió. ‘De sus ojos brotaron dos lagrimones’, dirá más tarde Celestine. ‘Me miró con particular intensidad, y después, reclinando la cabeza, murió’. Era el alba del 3 de abril de 1897.

Johannes Brahms fue enterrado en el Zentralfriedhof (Cementerio Central) al sur de Viena en el barrio Simmering. De todas las mujeres que había amado, solo la mezzosoprano y violinista italiana Alice Barbi, fue la única que siguió el féretro hasta la sección de los músicos donde están sepultados también Beethoven y Schubert a poca distancia del monumento a Mozart. Aquella tarde, todos los barcos del puerto de Hamburgo, su ciudad natal, izaron banderas de luto.

Se escuchará:

11 Preludios Corales para Órgano, Op. 122. Peter Planyavsky (órgano). 29’35”

Ejercicios 34ª, 34b y 34cde los 51 Ejercicios para piano, WoO 6. Idil Biret (piano). 1’28”

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